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A raíz de un libro fuera de lo común, un grupo de amigos decidió crear este blog donde compartir las numerosas reflexiones que inspira el texto. Os dejo aquí algunos extractos de los comentarios que me han llamado la atención (en este moment el párafo analizado del texto original toca el tema de la sumisión):
(…) la cuestión es que, para mi, el desapego hace impotente el uso del poder: Si un hombre no se preocupa en absoluto por el placer sensual, ni por las riquezas, ni por la comodidad, ni por promocionarse, sino que está sencillamente determinado a hacer lo que cree correcto, será un enemigo incómodo para el poder porque será difícil acceder a su alma.
Ese desapego o renuncia al que me refiero no es un juicio o un rechazo a los demás, ni siquiera de la sensualidad, de la riqueza o de la comodidad, sino que supone el darse cuenta de que detrás de la máscara del mundo material hay otra realidad y eso da mucha fuerza para caminar.
Ana 28 de octubre de 2009 22:12
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“Érase una vez una “seño” bien parecida, que no bien puesta, y muy empaquetada, que iba a la cabeza de un “trenecito” de niños de tres añitos. Van todos uniformados con sus batitas de cuadros chiquitines, uno tras de otro, agarrando con su manita un trocito de tela del que va delante, con miedo a soltarse. Van unos con carita de llanto, van otros con mirada incierta y de abandono, y algunos otros con la inquietud del no saber muy bien a qué juego de trenecitos están jugando… Los llantos no hallan consuelo, ni cobijo el desamparo. Una voz seca y armada les saca por segundos de su estado: – ¡ Eh ¡ ! Tú, Que dejes de llorar y sigas la fila !. …y la marchita continúa en línea seguida.
Trenecitos de niños cogiditos de sus batas, decidme en qué esquina torcemos para descarrilar……
Una vez me encontré en un lugar de este pais-tierra un patio de niños sin asfaltar. La valla daba a un sembrao, y en sus rincones sin tránsito, habitaban zapateros, bichos bola y mariquitas. Todas las medio días era ilusión de niños coger estos bichitos como preciado tesoro que se guardaba con la ternura de una mano pequeñita, y el cuidado imprevisto de quien aún no sabe que apretar a otro fuertemente puede ocasionar daño . Bichitos de tierra, de tierra y agua, bichitos del aire. Si alguien cuando era niño tuvo un momento para jugar al tesoro de los bichitos se acordará de las filas de zapateros. Allí donde había uno podías encontrar 3 ó 33. Iban en fila, como vagones enganchados que al separarlos no soportan estar fuera de la vía. El bicho bola era todo lo contrario, siempre solo, y en cuanto lo tocabas se enroscaba y como pétrea bola se quedaba, no habiendo forma de ver lo que había tras su coraza. … Y luego venía la mariquita. Y quieta quieta la cantabas : “ mariquita del sol cuéntame los dedos y vete con dios “ ! Y después volaba, y si no volaba, la soplabas y ya estaba: volaba.
Son estos los tiempos de espacios abiertos, sin filas prietas, de filas rotas, en los que por un rato se puede interpretar la vida sin trenes de sumisos, aunque a lo lejos veamos como la “seño” de bata a cuadros observa con el ceño fruncido…
Goyo 26 de octubre de 2009 21:36
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